Los meses de septiembre y octubre nos dan una buena oportunidad para visitar las preciosas calas que podemos encontrar por la costa de la Marina Alta. El buen tiempo y la baja afluencia de turistas en comparación a los meses de verano hacen de esta época una de las mejores del año. Antes del cambio de hora de finales de octubre se puede aprovehcar para fotografiar salidas de Sol y después del cambio de hora es buen momento para fotografiar les puestas de Sol y la hora azul a mitad tarde y sin que se haga demasiado tarde.
La cala Portitxol, también conocida cómo “cala Barraca” se encuentra situada al sur de Xàbia, cerca del cap de la Nau. El acceso a la cala no es fácil y lo más recomendable es que busquemos su ubicación exacta en GoogleMaps. Viniendo desde Xàbia, se tienen que seguir las indicaciones del Cap de la Nau y después de circular por una carretera típica de urbanización, tomaremos un camino a la izquierda que baja con mucha pendiente hasta la cala a través de la calle de la Barraca. Unos pocos metros antes de que la calle desemboque en la propia cala encontraremos un pequeño parking que seguramente en verano estará completamente lleno. Nosotros fuimos el 8 de octubre y estaba prácticamente vacío.
La cala es relativamente pequeña y es de piedra. Lo primero que nos llama la atención son unas bonitas casetas blancas típicas de pescadores que ahora parecen ser viviendas turísticas. También encontraremos dos bares-restaurantes, uno en la propia cala y el otro justo al pasar a la playa de al lado (a la derecha mirando el mar).
Las fotos las hicimos desde las rocas que separan la cala de la playa y que hacen de separación entre los dos restaurantes que comentaba antes. Desde este punto, tenemos unas rocas planas justo a nuestros pies que ayudan a la composición de las fotos, al fondo unas formaciones rocosas y a la izquierda la isla de Portitxol. Además de la imagen inferior también podéis ver otra foto del lugar en la cuenta de Instagram @photo.nss

Las numerosas aves que habitan la isla de Portitxol pueden ser un problema a la hora de hacer las fotos, como también lo son las boyas que se encuentran en el mar. El día que fuimos el viento fue otro gran problema, puesto que las constantes olas que impactaban contra las rocas salpicaban los filtros y el propio viento nos movía la cámara. Por último, cuando ya se hacía de noche los restaurantes encendieron unas lucecitas decorativas que tenían a las terrazas, iluminando de naranja el agua del mar… Esto marcó el final de la excursión fotográfica!