La primera semana de noviembre visitamos el Parque Natural de la Albufera aprovechando un temporal de poniente que azotaba las comarcas valencianas y que dejaba los típicos cielos anaranjados o rojizos. Seguramente, el lugar más típico (y también el más concurrido) para hacer este tipo de fotos sea el famoso embarcadero que está cerca de la gola de Pujol, pero en esta ocasión optamos por adentrarnos por los innumerables caminos y caminitos que atraviesan la Albufera para aprovechar la bonita imagen que dejan los arrozales inundados durante los meses de invierno.
Después de la cosecha del arroz durante el mes de octubre, en noviembre se cierran las compuertas que vierten el agua al mar y algunos campos de arroz se inundan. Este proceso recibe el nombre de la “perellonà” y deja estampas preciosas en los arrozales, puesto que los tallos secos de la planta todavía se encuentran a los campos y sobresalen por encima del agua formando una especie de franjas alargadas. La “perellonà” también da inicio a la temporada de caza, detalle importante cuando estás haciendo fotos y empiezas a sentir escopetas disparándose por todos los lados…

Nosotros entramos en la Albufera por Sollana y seguimos un camino agrícola hasta un poco antes de llegar al Palmar, donde los campos ya se veían inundados. Las opciones son muchas, puesto que hay muchos caminos que llevan a los diferentes arrozales. Es importante tener en cuenta que en cuando sales del camino “principal”, el resto de caminos suelen ser de tierra o de grava.

Para hacer las fotos, una buena opción es aprovechar las figuras geométricas que forman los restos de la planta que sobresalen del agua. También es interesante aprovechar los reflejos del cielo en el agua, siempre que el viento nos lo permita, puesto que si hace demasiado viento este efecto queda anulado por las ondulaciones que aparecen a la superficie del agua.
